miércoles, 13 de junio de 2012

Me quedo contigo


Sé que no vas a venir  a casa esta noche, que dijiste que te ibas para siempre, así que yo me quedaré aquí, en la casa donde vivirías siempre. Intentaré poner orden en tus recuerdos, porque si no lo hago todas tus imágenes se concentrarán en tu cuerpo, y eso no siempre me hace bien. 
   La memoria es infinitamente cruel, sólo sirve para recordarme que no estás, que nunca volverás a estar y que el tiempo no es más que una broma de mal gusto si no vienes a casa cada noche.  Mis sueños nunca volverán a ser tan dulces como lo eran antes, ni mis días tan soleados como lo eran contigo, así que solo me quedará cerrar los ojos y sentirte respirar. De manera que cuando te digo que en este campo tuve que poner orden, quiero decir que he decidido incorporar otros recuerdos menos dolorosos que el de haber perdido a  lo único  que he querido. 

miércoles, 30 de mayo de 2012

Mi persona


El mundo es complejo, está repleto de pequeñas cosas que nuestra razón no alcanza a comprender y contra las que nuestro corazón no puede combatir. A veces, la realidad estalla en nuestra cara, y solo a veces, la vida nos enfrenta a verdades que se parecen más a puñetazos que a puños. Y ahí estamos nosotros, en medio de todo ese amasijo de versos y teoremas, en plena guerra, en una combinación de besos y empujones, de insultos y tequieros, sin elegir nada, dejando que la suerte nos maneje a su antojo, dejando que se lleve lo que nos pertenece, que acabe con nosotros, que nos aniquile. Cuando el destino es cruel, sufrimos, y cuando sufrimos tenemos la mala costumbre de querer superarlo, de agarrarnos a un clavo ardiendo con tal de apaciguar un poco nuestro dolor. Hacemos cosas terribles, nos destrozamos a nosotros mismos y destrozamos a todos los que pretenden ayudarnos, y es que uno no sabe quién es realmente, cuán incinerable o incombustible es, hasta que no pasa por alguna hoguera.
Todos, los que estamos aquí y los que están en tantas otras partes, vivimos un desajuste. Unos más, otros menos, hacemos el esfuerzo por organizarnos, por empezar de nuevo, por poner un  poco de orden en nuestras nostalgias. Pero no bien nos descuidamos, reaparece el caos. Y cada recaída en el caos es aun más caótica. En ocasiones, recomponernos puede costarnos una vida. Por esa razón nos hemos empeñado durante tantos siglos en vivir acompañados, porque todo pequeño bache resulta insuperable si se está solo. Necesitamos a alguien, y yo las tengo ustedes. No recuerdo exactamente cuándo nos conocimos, ni cuánto tiempo hemos estado juntas pero si sé que son mi familia. Lo saben todo de mí, cada secreto y cada manía. Dicen que todos nacen teniendo a alguien, ese alguien está destinado a estar ahí siempre, con la distancia y las peleas, cuando a uno le sobra el equilibrio y cuando a otro le fallan las piernas. Ustedes son mi persona. Gracias. Gracias por haber estado siempre, porque nada podrá romper esto, porque aun cuando perdí a mi otra persona se quedaron a mi lado, por los abrazos, las resacas,  los desayunos,  las cervezas y los silencios, por todo lo que hemos vivido y lo que nos queda por vivir, por ser mi mezcla perfecta que no puede ser separada.






domingo, 6 de mayo de 2012

"Dicen que la incapacidad para aceptar las pérdidas es una forma de locura, seguramente sí, pero a veces, es el único modo de seguir vivos."

lunes, 30 de abril de 2012

Estaciones de paso

Si la vida se pudiese definir con otra palabra esa sería “batalla”, y es que los seres humanos vivimos en una continua lucha; a menudo tenemos q enfrentarnos a despedidas temporales, a esperas de mil años o a pérdidas más que dolorosas, pero estamos hechos de una pasta especial, tan cambiante como el plástico y tan ruda como el acero que nos ayuda a combatir las malas pasadas. Por eso es un error no sentirnos afortunados, pensar que no somos demasiado buenos o que no valemos nada.  A veces, sonreír se convierte en una tarea dura, casi obligatoria, a veces nos pasan cosas tan terribles que no logramos entender ni vemos la manera de salir de ahí, a veces nos tropezamos con tormentas que no somos capaces de apaciguar, pero cuando nos pasa eso solo nos queda ser pacientes, soñar a lo grande y, sobretodo, ser agradecidos, porque nuestra lucha no se basa en ir en contra del viento, sino en evitar que éste pueda con nosotros.

domingo, 8 de abril de 2012

سيرجيو

“Nunca he sabido si es más duro no poseer jamás la gloria o haberla conocido por un momento y perderla después”. Cuando él se fue y el mundo dejo de ser un lugar seguro, maldije haberlo conocido, maldije sus brazos rodeándome sus ojos oscuros, sus labios suaves y sus tequieros que elevaban el mundo. Quise no haberlo conocido nunca para no conocer el dolor de la pérdida y no tener que echarlo de menos. Quise no haber vivido todo aquello para no desear salir de mi misma, buscar a alguien que cubriera todo ese dolor que me precipitaba hacia el lado insoportable de la vida. Si él no hubiera aparecido hubiese tenido una existencia apacible y aburrida, pero no tendría que apretar continuamente las manos contra el agujero de mi estómago, ese que cada vez es más profundo y más visible, el agujero de aquellos que siempre estarán incompletos.
Pero ahora, cuando el dolor se ha convertido en una segunda capa de mi piel y he aprendido a caminar con él a cuestas, puedo decir que me alegro de lo que viví. Ahora, por la noche, cuando me acuesto en la cama que tantas veces compartimos, cierro los ojos y busco su olor entre las sábanas, intento invocar su recuerdo para volver a sentir sus brazos rodeándome, sus ojos oscuros,  sus labios suaves y sus tequieros que elevaban el mundo. Entonces es cuando me siento orgullosa de haber amado de una manera tan brutal, porque la vida es así; tomará su propio impulso, girará sobre si misma, pondrá en nuestro camino a personas a las que querremos más que a nosotros mismos para luego arrebatárnoslas, irá arriba y abajo, y nos empujara a su capricho, hacía el paraíso o el abismo y, mientras tanto, hay que lograr que la intemperie nos haga temblar lo menos posible. 

martes, 21 de febrero de 2012

Perdona que lo diga pero estás en mí

Hoy hace 730 días que te dejé entrar en mi vida, y justo hoy, después de meses residiendo en mi cabeza día y noche,  ha llegado el momento de dejarte ir. Podría escribir mil libros que tratasen sobre lo mismo, sobre el mismo, podría volver atrás una y otra vez y recomponer pieza a pieza lo vivido, podría narrar cada detalle de tu voz y describir cada milímetro de tu piel. Que te conozco muy bien, que se que es lo que hay que decirte para que sonrías y donde tocarte para que te de cosquillas, que te sabes mi comida favorita y las películas que me gustan, que conozco tu olor, detecto cuando estas contento o enfadado, que me has observado mientras dormía y has sido el hombre de mi vida. Era tan adicta a ti que pensé que lo nuestro sería para siempre, me lo diste todo, me convertiste en la persona más feliz del planeta y  fuiste el centro de mi mundo, pero he asumido que ya no hay vuelta atrás, que la vida son etapas, que algún día aparecerá otro alguien y que ahora tengo que aprender a estar sin ti, aunque no me termine de acostumbrar a tu ausencia y  aunque nunca vayas a irte del todo.            

PD: Página 21, la que nunca se quebrará ni se pasará

martes, 14 de febrero de 2012

Siempre me encuentro contigo

Hemos aprendido que a cierto dolor sólo se sobrevive conformándose a él, adaptando a su garra cada una de las células de nuestro cuerpo. Que es inútil combatirlo, darle de lado, inútil olvidarlo. Que hay que llevarlo dentro y dejarle hacer su tarea, cavar su hoyo, morder su presa, abatir a su víctima. Hay que vivir en paz con el dolor  y acompasar nuestro paso al suyo.